martes, 17 de febrero de 2009

Qué se entiende por «filosofía»


De forma algo vaga e imprecisa, se ha entendido por «filosofía», literalmente, el «aprecio o estima [filós] de la sabiduría [sofía]», algo así como la curiosidad por saber. Y por filósofo, «el amigo de la sabiduría», es decir, el aficionado a aprender, el que tiene curiosidad por conocer.
Pitágoras, a quien se atribuye la invención del término, no quería llamarse sabio, sino «amigo de la sabiduría». Según él, sólo Dios es sabio. La sabiduría es la ciencia de Dios, y la filosofía lo es del hombre.

Para Aristóteles, todos los hombres tienden por su propia naturaleza a saber. Por eso el deseo de saber pertenece a la esencia del hombre y todo ser humano tiene algo de filósofo en lo más profundo de sí.

A lo largo de los siglos ha variado el significado y el contenido atribuido a la Filosofía:

Antiguos: Por Filosofía entienden el conjunto de los saberes: Física, Matemáticas, Geometría, Astronomía, Teología... Con los griegos se consolidó el tipo de discurso argumentativo que hoy denominamos Filosofía.

Cristianismo: Distingue entre verdad natural o racional y verdad revelada, entre Filosofía y Teología (St. Tomás).

Descartes (XVII): Considera la filosofía es un árbol, cuyas raíces son la Metafísica; el tronco, la Física, y las ramas cada una de las ciencias particulares.

XVIII: Con la decadencia de la Filosofía Escolástica, la filosofía queda reducida a la Metafísica. Ciencia y filosofía se contraponen como dos órdenes del saber completamente diferentes, y esa estructura diferenciadora ha sido mantenida en nuestras universidades.

Hoy no se habla de una filosofía global, sino de múltiples áreas no siempre fáciles de ubicar en las dos grandes corrientes del pensamiento filosófico reciente, la filosofía analítica (centrada en el estudio del lenguaje, la lógica, la epistemología y la estructura de las teorías científicas) y la filosofía hermenéutica, de corte más tradicional (centrada en las cuestiones clásicas de la Fª, en la política, la moral, los sistemas y problemas metafísicos).

4. Cómo estudiar la Filosofía

1. Refiriendo cada filósofo o sistema filosófico a sus circunstancias históricas, porque siempre el contexto histórico influye en el pensamiento. Conviene buscar y encontrar las conexiones históricas remotas y cercanas.
2. Buscando la simpatía y la empatía con el autor: adentrarse en el pensamiento del autor y esforzarse por entender todas sus expresiones, términos y tesis. Sólo después de entenderle se le podrá -y debería- criticar.
3. La historia de la filosofía debería enseñarnos a pensar desde lo que dicen los autores, y esto no tiene nada que ver con aprenderse de memoria lo que digan. Cuando el objetivo es comprender y aclarar ideas, toda crítica contra argumentos, ideas y términos oscuros o imprecisos será poca.
4. Confiando en los propios conocimientos y capacidad de crítica, pues a partir de 14 ó 15 años cualquier individuo reconoce -o debería reconocer- si un argumento convence o no. Nadie debería aceptar ideas de otros simplemente porque las diga alguien con autoridad o porque muchos las comparten. El individuo adulto y maduro personaliza sus ideas y las somete a examen crítico antes de aceptarlas definitiva o provisionalmente.
5. Los filósofos deberían ser leídos directamente en sus obras, no sólo a través de intermediarios o libros de texto. Esta suele ser una filosofía «enlatada», donde otros han seleccionado las ideas de interés -y no siempre con buen juicio-.
6. Tras leer un autor, cada uno debería sacar sus propias conclusiones personales. Es la única forma de adquirir un pensamiento propio, razonado, maduro, y de evitar el psitacismo, el refugio en tópicos y lugares comunes, las jergas huecas de pandilla o pueblo.
7. Procurar distinguir las grandes cuestiones de cada época. En la Historia de la Humanidad, los problemas se han centrado en tres grandes focos:

1. El Mundo (Ser, Cosmos, Naturaleza, Estado, Política, Sociedad).
2. El Hombre (antropología, conocimiento, ética, política, Psicología).
3. Dios (lo sagrado, el sentido de la existencia, la justificación de la fe...).

Así, en la ANTIGÜEDAD, el mundo se reduce a cosmología; el hombre, a una antropología elemental, un principio de ética; Dios es simplemente un principio metafísico para hacer coherentes las explicaciones. El mundo resulta más importante que Dios para pensadores como Aristóteles.

En la EDAD MEDIA, el mundo se reduce a sociedad política, y ésta a Imperio; el hombre no se valora como ser independiente, sino como parte de la naturaleza; Dios es un poder sobrenatural que todo lo domina e invade, concretado en la religión como preocupación fundamental y la Iglesia como institución omnipresente/poderosa. Dios prevalece sobre el mundo y sobre el hombre, p. ej. en Santo Tomás.

Durante la EDAD MODERNA, el Estado surge como algo independiente de la Teología; al hombre se le reconoce el valor de su razón y se inicia un proceso de secularización que va quitando preeminencia a lo religioso. El hombre aparece en primer plano, ocultando en parte a Dios y al mundo (Descartes).

En la EDAD CONTEMPORÁNEA, se establece definitivamente la autonomía y valor propio del mundo y de la ciencia como modelo de conocimiento; al hombre se le reconocen unos derechos inalienables sobre los que se fundamenta su valor e igualdad fundamental con sus semejantes, y la Iglesia se independiza definitivamente del Estado en los países occidentales. Parece que esta vez es la ciencia la que predomina sobre el hombre, y serían muchos los autores.

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